Actividad de tutoría electrónica l042

Materia: Hombre y Sociedad Prof.: Marianela Lavarté

A CONTINUACION LES ENVIO LAS LECTURAS QUE LES SERVIRAN DE MATERIAL DE APOYO PARA ESTUDIAR PARA LA PRUEBA LARGA QUE SE REALIZARA EN LA SEMANA 12….ES PARA LEERLO NO ES NECESARIO QUE LO IMPRIMAN

NO LES VOY A ENVIAR OTRA ACTIVIDAD DE MANERA QUE TENGAN TIEMPO PARA ESTUDIAR Y PREPARARSE PARA LA PRUEBA

ADEMAS DEBEN BUSCAR LOS VIDEOS QUE LES RECOMENDE EN LA PAGINA YOUTUBE.COM SOBRE LA CRISIS ENERGETICA…ES DE SUMA IMPORTANCIA QUE LOS VEAN, YA QUE LES SERVIRA COMO UN ANALISIS DE LA SITUACION. Y ESTE TEMA QUE TAMBIEN ESTARA EN LA PRUEBA.


¡ÉXITO EN TU ACTIVIDAD!

“Excelencia Educativa”

UNEFA Lectura 15: REFLEXIONES SOBRE EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI



NUESTRO SOCIALISMO



La concentración del capital sigue avanzando a pasos acelerados, como bien lo señaló hace más de 150 años Carlos Marx. El desarrollo de las fuerzas productivas, a través de la revolución tecnológico-científica de las décadas del 80 y 90, imprimió una mayor fuerza en esa dirección. Como consecuencia de ello, poderosas empresas multinacionales incrementaron su poder, se fusionaron con otras o las absorbieron, llegando a la cifra escandalosa de que las 200 empresas oligopólicas más importantes manejan el 26 por ciento de la producción mundial.

En síntesis, conjuntamente con esa tremenda concentración del capital y las riquezas en pocas manos, el mundo actual padece guerras, hambre y desolación; es el mundo regido por las leyes del Capitalismo, por su lógica intrínseca y por su más feroz expresión: el imperialismo global hegemónico nazifascista.

Pero, el Capitalismo de hoy atraviesa por una etapa de profundas contradicciones, irresueltas desde su nacimiento y de imposible resolución en el marco del propio sistema. El intelectual húngaro Istzán Mészáros, en su libro “Socialismo o Barbarie”, señala, entre las principales contradicciones que son insuperables dentro del Capitalismo: 1) la producción y su control; 2) la producción y el consumo; 3) la competencia y los monopolios; 4) el desarrollo y el subdesarrollo (centro y periferia); 5) la expansión económica mundial y la rivalidad intercapitalista; 6) la acumulación y la crisis; 7) la producción y la destrucción; 8) la dominación del trabajo y la dependencia del trabajo; 9) el empleo y el desempleo; 10) el crecimiento de la producción a cualquier precio y la destrucción del medio ambiente.

Este cúmulo de contradicciones insuperables por el sistema capitalista se traduce hoy en pobreza para las grandes mayorías, guerras, hambrunas, explotación y deterioro del medio ambiente. Nunca antes en la historia, la supervivencia de la especie humana estuvo tan amenazada por el poder destructivo del capital. Es por lo tanto vital para la humanidad: superar y trascender el Capitalismo en el menor tiempo posible; porque la alternativa que se nos presenta, en el futuro cercano, se reduce a la simple contradicción “vida o muerte”.

“Es necesario trascender el Capitalismo, pero agrego yo, el Capitalismo no se va a trascender por dentro del mismo Capitalismo, no”, señaló el Presidente de Venezuela Hugo Chávez. Y agregó: “Al Capitalismo hay que trascenderlo por la vía del Socialismo. Por esa vía es que hay que trascender el modelo capitalista. El verdadero Socialismo es igualdad y justicia”.

Ahora, ¿de qué Socialismo hablamos cuando nos referimos al que trascenderá el sistema capitalista? “Es posible trascender el Capitalismo por la vía del Socialismo y más allá, en democracia ¡En democracia!”, afirmó Chávez en el mismo discurso.

Pero, vale aclarar que, Socialismo y democracia, no es lo mismo que socialdemocracia. Si los viejos socialdemócratas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX defendían la tesis de que el capitalismo podía ser superado a través de la lucha parlamentaria, la imposición de leyes más justas y una suerte de reformas que “cambiarían” el Capitalismo hasta transformarlo en un modelo de corte socialista, la realidad demostró que esa tesis era errónea. Ese Socialismo reformista, que hoy pulula con diferentes rostros, con casas matrices en el norte y filiales en todo el planeta, fue aquel que defendió “la carga del hombre blanco” contra dos tercios de la población mundial. La primera y segunda guerra mundial, confrontación entre los países capitalistas por obtener la hegemonía planetaria, encontró a los socialdemócratas encolumnados con la burguesía de los países en pugna. Ese “socialismo” claudicante; nacionalista en los países imperialistas, cipayo en los países dominados, negociador y reformista, seudo democrático, censor de los movimientos nacionales de liberación del tercer mundo, racista y eurocentrista, no puede ser modelo para ningún país que pretenda avanzar en el siglo XXI hacia la liberación y la justicia social. El proyecto socialdemócrata, entonces, no es otra cosa que una variante, por “izquierda”, de “trascender el Capitalismo dentro del propio Capitalismo”; “capitalismo humanizado” como alternativa al “capitalismo salvaje”. El Socialismo “a la española”, “a la francesa” o ”a la alemana” lejos están de ser ejemplo para nuestros países y pueblos.

Por otro lado, y como ejemplo de Socialismo del siglo XX, aparece el modelo soviético, aquel que imperó en la URSS y los países del este europeo, durante más de medio siglo, y que demostró su inviabilidad al implosionar impregnado de corrupción, burocratismo, autoritarismo y diferentes variables de capitalismo con disfraz socialista. La genial obra de Lenín y las masas obreras rusas, sucumbió ante los embates contrarrevolucionarios de adentro y afuera.

Modelo soviético, socialdemocracia, socialismo chino, vía vietnamita, “juche” coreano, socialismo albanés, socialismo autogestionario yugoslavo, Socialismo de democracia directa de la Gran Jamahiriya Árabe Libia, etcétera, son o han sido manifestaciones concretas de Socialismo en el mundo entero. Búsquedas originales, experiencias, ideas materializadas en condiciones específicas y momentos históricos determinados, todas válidas a la hora de ser analizadas, estudiadas y observadas, pero ninguna apta para imitar o tomar como modelo; no porque sean malas experiencias. Muchas de ellas, al contrario, son valiosas y trascendentes, que brindan aportes sustanciales para determinadas áreas, pero inimitables por su condición única e irrepetible. El Socialismo es una idea general, un horizonte alcanzable, no abstracto, sino concreto, una alternativa real al modo de producción capitalista, en condiciones históricas determinadas, espacios físicos singulares y culturas específicas.

¿Qué Socialismo, entonces, necesitamos los latinoamericanos caribeños? ¿Cuál es el Socialismo del siglo XXI, que debe llevarnos, definitivamente, a una sociedad justa e igualitaria? No caben dudas de que será el Socialismo que logremos inventar, desde el aquí y ahora. Un Socialismo nacional, popular y democrático: el Socialismo Latinoamericano Caribeño, ¡nuestro socialismo!

En principio, deberemos construir un Socialismo sin desconocer los aportes de los grandes forjadores: Carlos Marx, Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Lenín, Mao Tsé Tung, Ho Chi Ming, etcétera. Pero, fundamentalmente y esencialmente, con el aporte de todos aquellos que desde nuestra América bregaron por un socialismo no enajenado, criollo, enraizado con las luchas históricas populares, enfrentado al imperialismo y transitando el camino de la liberación nacional. Decía el peruano José Carlos Mariátegui: "no queremos que el Socialismo sea, en nuestro continente, un calco; tampoco queremos que sea copia. Tiene que ser una creación heroica". Y allí están las figuras y las obras de Manuel Ugarte, Carlos Prestes, José Carlos Mariátegui, Vivian Trías, René Zabaleta Mercado, Salvador de la Plaza, Carlos Delgado, Sergio Almaráz, Jorge Abelardo Ramos, Juan José Hernández Arregui, Alfredo Maneiro, Rodolfo Puigross, Rafael Nuñez Tenorio, Gerard Pierre Charles, Antonio García, Ernesto “Che” Guevara, Carlos Fonseca, Eduardo Astesano, Fidel Castro, Julio Antonio Mella, John William Cooke, Raúl Sendic, Miguel Enríquez, Gregorio Selser, Héctor Recabarren, Agustín Tosco, Farabundo Martí, Patricio Icaza, Francisco Bilbao, Jacobo Arenas, Jaime Hurtado y Salvador Allende, entre otros. Esas deben de ser las bases esenciales para tener presente a la hora de plantear el Socialismo del siglo XXI.

Ahora, como es bien conocido por todos, la lucha contra el imperialismo, la lucha por la liberación nacional es la primera tarea que los socialistas debemos enfrentar. Y esto implica un profundo conocimiento y compromiso con las banderas patrióticas, democráticas y de liberación. Un Socialismo desvinculado de las raíces históricas de nuestros pueblos será un Socialismo abstracto, inconsistente, alienado, invertebrado y meramente testimonial. Las luchas por la independencia no se agotaron aquel 9 de diciembre de 1824 en la pampa de Ayacucho, sino que continúan en las luchas del presente. Bolívar, Sucre, “hicieron algo grande –señala Hugo Chávez-, cumplieron la primera etapa de la jornada. Luego vino el frío, se congeló todo y luego la resurrección y aquí estamos nosotros, pero en la misma larga batalla”.

Ahí está la gran clave para el desarrollo de un Socialismo vigoroso y vital, trascendente y militante, ser concientes de que a las banderas históricas del patriotismo revolucionario le sumamos hoy las banderas del socialismo; que estamos en “la misma larga batalla” del Bolívar histórico. Un Socialismo nuestro, concebido como necesidad para alcanzar la justicia, la igualdad y la libertad. El Socialismo nuestro, el latinoamericano caribeño, será bolivariano o no será; será “creación heroica”, al decir de Mariátegui, o se perderá en los atajos de la copia y el calco.

El intelectual y revolucionario venezolano, Haiman El Trudi, en su libro “El salto adelante, la nueva etapa de la revolución”, nos ofrece algunas claves para aproximarnos al Socialismo que se está construyendo en la Venezuela bolivariana de cara al siglo XXI y que trasciende el Capitalismo: “ 1) Se trata de un Socialismo de nuevo tipo, que en nada se parece al capitalismo de Estado ni menos a las lógicas totalitarias, que en otras latitudes se reprodujeron en otros tiempos; 2) es un Socialismo originario que se está inventando a partir de la interpretación de la realidad venezolana y sus lazos históricos y socioculturales con los demás pueblos latinoamericanos caribeños; 3) es un Socialismo que reivindica los aciertos de otras experiencias del mundo y que contextualiza sus contenidos; 4) es un Socialismo que centra su fuerza y empuje en nuestras propias raíces libertarias, 5) es un Socialismo humanista, ambientalista, pleno de energía espiritual, que reivindica el amor, la paz, la solidaridad, la justicia y la libertad; 6) es un Socialismo desmitificado, que no transgrede las libertades y derechos humanos y que enfoca en el bien común toda su atención; 7) es un Socialismo consustanciado con los tiempos de la historia que se va escribiendo a ritmos acelerados; 8) es un Socialismo, que se parece poco a los socialismos del siglo XX; 9) es un Socialismo construido en colectivo y alimentado por diversas vertientes del pensamiento; 10) es un Socialismo que no aplica recetas ni fórmulas doctrinarias elaboradas por preclaros intelectuales; 11) es filosofía de la praxis animada por el bloque histórico Estado-Sociedad, y; 12) es la quietud en el ojo del huracán revolucionario. Es el centro de acción transformadora”.
Nuestro Socialismo del siglo XXI, entonces, caminará al ritmo de la conciencia de los pueblos, llevando adelante una profunda batalla ideológica contra el pensamiento capitalista dominante, continuando las históricas luchas por la unidad, la libertad y la justicia de los pueblos latinoamericanos caribeños, confraternizando con todos los pueblos del mundo, sin perder de vista el objetivo central -la felicidad del pueblo- y forjando, en la marcha, al hombre y mujer nuevo que salvará a la humanidad de la autodestrucción.
América Latina frente a la globalización

Ignacio Ramonet

"Todos los estudiantes latinoamericanos deben de tener ideas claras sobre como el fenómeno de la globalización se difundió en América Latina, qué consecuencias tuvo su aplicación y la reacción de la sociedad latinoamericana frente a ese proceso económico, político y social." Ignacio Ramonet, director de "Le Monde Diplomatique" realizó este llamado en su exposición: "América Latina frente a la globalización" el pasado 10 de junio, en el marco de un ciclo de conferencias que tuvo lugar en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. A continuación reproducimos lo sustancial de su interesante reflexión

¿A qué le llamamos globalización?


La globalización es un fenómeno que pretende ser únicamente económico y pretende serlo con mucha arrogancia. En realidad, pretende ser la única fórmula económica que funciona, basándose en el principio del neoliberalismo. Es decir, la idea de que después del fracaso de la Unión Soviética ya no hay vías alternativas en materia económica.


Esta idea, desarrollada originariamente por un grupo de economistas estadounidenses, esencialmente por Milton Friedman, que en los años 70 desarrollaron la idea de que, para favorecer la flexibilidad de la ideología, a todas costas había que reducir la talla del estado.


Pensaban que el estado, a lo largo del siglo XX, había tenido la tendencia a extenderse demasiado, a ocupar mucho espacio y que por consiguiente, había que reducirlo, había que suprimir al estado y a una de sus más importantes prerrogativas. Es decir, el estado no tenía que jugar ningún papel económico, no poseer nada, ni recursos en dinero, ni tierras, ni empresas estratégicas como las del transporte, servicios básicos, etcétera.

El estado debía vender o sea privatizar


Estas privatizaciones, que empezaron de forma brutal en los años 80, se hacían por primera vez en la historia. Después del siglo XVIII, los estados vivieron un gran desarrollo y fueron también actores económicos para poder tener los medios y distribuir la riqueza nacional.


Antes, en muchos países donde había sólo algunas riquezas, estas pertenecían a unos pequeños grupos de la sociedad, las oligarquías que poseían el 80 o 90 por ciento de la riqueza nacional. La situación era extremadamente injusta y la gente seguía protestando. Esos pequeños grupos (un 10 por ciento de la población), defendían sus privilegios apoyándose en un aparato represivo fuerte, que no servían para defender al país, sino a los ricos de los pobres.

En las sociedades modernas, a partir del siglo XIX y después de una serie de revoluciones, poco a poco el estado se apropió de estas propiedades para distribuir la riqueza entre la mayoría de la sociedad. El estado pasó a ser un actor económico muy importante.

A lo largo del siglo XX, el estado había desarrollado su capacidad de cobrar impuestos a los que debían de pagar impuestos, es decir a los que más ganaban y estos impuestos servían al estado para construir las infraestructuras que permiten darle a la sociedad lo que necesita, los servicios básicos.


Se transformó en un estado benefactor introduciendo los principios de la seguridad social, la jubilación. Un estado estratega para el futuro y planificador. Ese estado era en definitiva un estado para los pobres.


La tesis de la globalización era que ese estado tenía que desaparecer y de igual manera tenían que desaparecer los impuestos, con la idea de que 'un estado mínimo es un estado mejor', 'menos estado, mejor estado', pero eso era bueno sólo para los ricos y no para los pobres. Entonces se desarrolló la tesis de que había que privatizar todo lo que pertenecía al estado.


Si un país poseía petróleo y pertenecía al estado, al privatizarlo ocurría que lo compraban los ricos o peor, lo compraban los extranjeros y el país perdía el único recurso para ayudar a los más necesitados.

(…) Reducir al estado quiere decir también disminuir su Presupuesto y por consiguiente, el número de sus funcionarios y los países que han aplicado la globalización han despedido a miles de funcionarios, han reducido su jubilación y en muchos países ya casi no existe una educación y una sanidad públicas. Los más pobres van a una escuela de escasa calidad y los ricos van a la escuela privada, manteniendo de esa manera la estratificación social: los más pobres siempre serán pobres y los ricos siempre serán ricos.

La globalización ha creado un desposeimiento de la riqueza y de la soberanía nacional, manteniendo una diferencia de categoría social y de gasto social muy marcado. Y esto en un contexto político, el de los 90, donde por razones históricas no había una gran voluntad de réplica social. Esta teoría fue aplicada sin consultar a la sociedad.


El primer país donde se aplicó fue en el Chile de Augusto Pinochet, quien con la fuerza agresiva de la dictadura, pudo imponer esta reforma e intimidar a la sociedad que no podía replicar por miedo a la represión.


Se aplicó después en el Reino Unido, en Inglaterra, con el gobierno de Margareth Thatcher en 1979. Allí logró romper a los sindicatos, privatizar el transporte, las minas, terminando una tradición de dos siglos de luchas sociales.


En 1980 ganó las elecciones Ronald Reagan, quien introdujo en los Estados Unidos esta teoría de la globalización y la aplicó en todas las instituciones controladas por los Estados Unidos, como son el FMI y el Banco Mundial. A partir de ese momento, controlando a estas instituciones, la globalización comenzó a extenderse a todos los países.


El segundo país en América Latina donde se aplicó esa nueva teoría fue en Bolivia. Fue una verdadera “terapia de choque”, donde con una brutalidad impresionante se le arrebató a la sociedad y a los trabajadores sus derechos y la riqueza del país.


En 1983, el presidente Sánchez de Lozada en su primer mandato comenzó esta terapia de choque con la privatización de los hidrocarburos. Siguió Perú con el gobierno de Alberto Fujimori y Venezuela, donde en 1992 Carlos Andrés Pérez aplicó la misma terapia y se produjo una insurrección popular conocida como “el Caracazo”, donde el Ejército reprimió al pueblo dejando entre 2 y 3 mil víctimas y posiblemente muchas más.



(…) Dos años después, el primero de Enero de 1994, entró en vigor el primer Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (NAFTA). El mismo día, ingresaron en escena los zapatistas del Subcomandante Marcos, quienes salieron de la Selva Lacandona para protestar simbólicamente contra el NAFTA y ocuparon San Cristóbal de Las Casas con las armas. En esta ocasión, el Subcomandante Marcos por primera vez comenzó a difundir una visión clara sobre la globalización y sus efectos.


En África la población Saharaui, produce un algodón en condiciones infrahumanas al lado del Sahara. Trabajan como esclavos para ellos mismos, para producir un algodón de excelente calidad y a un buen precio, pero ese algodón no lo pueden vender ni en su país.


En los Estados Unidos producen algodón con maquinarias modernas y con grandes subvenciones, que hacen que ese algodón resulte ser exportable a la misma África a un precio más barato de lo que producen los productores locales.


Abrir las fronteras se transforma entonces en la ruina de los pequeños y medianos campesinos y productores en general.


Cuando los zapatistas entraron en San Cristóbal de Las Casas, la que hoy llamamos globalización, aún no tenía nombre. No sabíamos darle un nombre a este fenómeno de privatizaciones, violaciones a los derechos laborales, transformaciones de la economía. Las finanzas comienzan a tener más importancia que la producción industrial.

Los analistas pensaban todavía que eran fenómenos separados y no una sola fórmula, donde existe una sola solución a los problemas económicos. Yo había propuesto llamarle 'el Pensamiento único', porque no se nos permitía pensar de otra manera, esto era lo único que funcionaba y había que aceptarlo como un dogma indiscutible. Después se comenzó a llamarle 'globalización' pero el Subcomandante Marcos ya lo había entendido, a través de sus reflexiones por la Internet.


¿Qué estaba pasando en América Latina desde hace más de 10 años?


Estaban instaurándose experiencias de globalización. Había protestas, como en Caracas, pero no muchas más en otros países. Esto se debía también al hecho de que todos los medios de comunicación repetían constantemente a la gente que se trataba de fórmulas mágicas, que iban a permitir a las sociedades la entrada en la modernidad, en el desarrollo, en la riqueza para todos y la gente esperaba ver lo qué iba a pasar y las mismas víctimas de la globalización no se atrevían a protestar.


Hoy la situación de la comunicación no ha cambiado mucho. A diferencia de los primeros años 90, el sistema de comunicación es mucho más sofisticado, hay una gran proliferación de medios escritos, radiales, televisivos y la comunicación es masiva, sin embargo la constatación es que todo ese sistema en realidad no está presentando una variedad de información, sino la misma información.


Existen muchas fuentes, pero en realidad funcionan como una unidad, un sólo mensaje ideológicamente de apoyo indiscriminado a la globalización y de crítica sistemática e igualmente indiscriminada contra al pensamiento disidente y a quienes critican a la globalización. Los que tienen recursos pueden buscar esta información crítica en la Internet, pero esto presupone un cierto nivel de educación, de formación y de recursos económicos.


El tema de la comunicación mediática internacional está funcionando como el aparato ideológico de la globalización, como la maquinaria de propaganda de la globalización.

Después de 1994 se empezó a reflexionar a escala internacional sobre cómo combatir a esta teoría que se estaba aplicando también en el Norte y la estaban aplicando los gobiernos de derecha y también de izquierda, provocando estragos muy importantes.


Comenzó a surgir un pensamiento autónomo de cómo reflexionar para identificar la globalización. Era como si todos tuviéramos una enfermedad de la cual se conoce su sintomatología, pero sin saber de qué enfermedad se trataba, sus causas y las relaciones entre los diferentes síntomas.


Poco a poco se encontró una definición que nadie había teorizado. Empezamos a organizarnos con la participación de asociaciones, Ongs, sindicatos y comenzamos a protestar, pero no contra la globalización en general, sino contra sus aplicaciones en cada país.


En particular se intentó detectar a las organizaciones que estaban estimulando a la globalización, como el motor de la globalización.


En diciembre de 1999 en Seattle, Estados Unidos, se produjo una gran manifestación en que participaron organizaciones que venían de muchos países, porque en esta ciudad se desarrollaba por primera vez una cumbre de una organización todavía poco conocida: la Organización Mundial del Comercio (OMC). La OMC es uno de los motores de la globalización y es la que dice a los países como deben comportarse para abrirse a los capitales extranjeros, como sacrificar a sus trabajadores para que se puedan instalar las empresas que no respetan los derechos laborales, que dan sueldos de miseria, que ofrecen puestos de trabajo-basura y que dicen que esto es bueno para el país.


Allí se denunció que la OMC era una organización responsable de las grandes tragedias sociales que se producen en el mundo.


A partir de ese momento comenzaron protestas en todo el mundo contra la globalización y las sociedades comenzaron a levantarse.


En Cochabamba, la empresa transnacional que había comprado la distribución del agua y que empezó a aumentar su precio se enfrentó a la ira de la gente y tuvo que irse. En Arica, Perú, se había privatizado la electricidad con el consiguiente aumento de las tarifas. La gente comenzó fuertes protestas y la empresa tuvo que bajar los precios. En Costa Rica, también protestaron e impidieron las privatizaciones.


Después se comenzó a pensar de que no sólo se debía protestar, sino que se tenía que pasar a una nueva etapa, y reunirse en un lugar a nivel del mundo para buscar y proponer, juntos, soluciones alternativas a la globalización.


En 2001 decidimos hacerlo en una ciudad de Brasil, en Porto Alegre y llegaron 15 mil personas. En este primer encuentro mundial se reflexionó y se buscaron alternativas, difundiéndolas cada quien en sus propios países. En 2002 llegaron 70 mil personas y se sumaron otros movimientos y organizaciones.

Los globalizados empezaban a producir teorías sobre la globalización, al tiempo que analizaban cómo se podía pasar a otro sistema.


(…) Existe hoy en América Latina una luz frente a los estragos sociales producidos por la globalización y una esperanza de que sea posible otro tipo de economía. Una economía más humana, más solidaria, que ponga al centro de su actuar en la persona y no a la riqueza y al egoísmo.


Creo que hoy día un gobierno que pretenda realizar cambios sociales importantes o devolver a la sociedad la riqueza que se le ha robado durante siglos, para permitir que la gente pueda vivir con dignidad, con trabajo, educación, sanidad, viviendas, tiene que ser muy modesto. No se puede pensar, como se pensó en otra época, que el gobierno tiene todas las soluciones, que llega con un programa para hacer todo desde arriba.


Lo que tiene que hacer es escuchar a la sociedad: qué es lo que la sociedad está pidiendo como cambio, qué tipo de solución está buscando en los diferentes ámbitos sociales, cuál es la mejor solución que colectivamente la sociedad está queriendo encontrar en materia de producción, organización, en lo social. Es indispensable que el movimiento social aporte a las soluciones y es lo que el Subcomandante Marcos resume en una frase, de que 'el Gobierno tiene que mandar obedeciendo', no mandar con soberbia y lo debe hacer independientemente del tipo de poder político que se presente.


Es lo que hizo Evo Morales con la nacionalización de los hidrocarburos, donde se necesita mucho valor para soportar las críticas. Está claro que no lo hizo porque era un capricho, sino porque la sociedad que lo eligió se lo pedía y quiere que la riqueza de Bolivia regresara a Bolivia y lo mismo será con la reforma agraria.


Al mismo tiempo los movimientos sociales tienen que organizarse y trabajar desde abajo y no esperar que todo llegue desde arriba. Esto es definitivamente lo más importante para que siga la esperanza de que nuestra sociedad latinoamericana pueda de verdad soñar en que otro tipo de mundo sea realmente posible".

Lectura 18: EL CRECIENTE APETITO POR PETRÓLEO Y GAS NATURAL DE LOS PAÍSES EN DESARROLLO



En las dos décadas pasadas, el crecimiento registrado en el mundo en desarrollo ha resultado en un aumento agudo en el consumo mundial de energía. Ese crecimiento, combinado con la creciente demanda de petróleo y gas en Estados Unidos, podría crear tensión en los sistemas energéticos y las condiciones ambientales mundiales en el transcurso del siglo XXI.

La búsqueda de energía creará nuevos retos económicos y estratégicos y alterará las relaciones geopolíticas. El resultado de estos acontecimientos dependerá de las políticas que adopten los principales involucrados en el mundo en desarrollo y Estados Unidos. Las cuestiones territoriales y el nacionalismo siguen siendo temas decisivos en las relaciones internacionales. Esto significa, que se debe manejar con cuidado la seguridad energética de todos, para que no se propaguen otras patologías en las deliberaciones en el terreno de la energía.



CONSUMO DE ENERGÍA DEL MUNDO EN DESARROLLO

La población continuará creciendo mucho más rápidamente en los países en desarrollo que en el resto del mundo. Para 2030, el porcentaje de la población mundial, que vive en las regiones en desarrollo, podría alcanzar el 81 por ciento, según pronósticos de las Naciones Unidas. Junto con la rápida expansión económica prevista en los mercados en surgimiento, el rápido crecimiento poblacional llevará a aumentos drásticos en la demanda de energía en el mundo en desarrollo.

Según pronósticos de Perspectivas Mundiales de Energía en 2002 de la Organización Internacional de Energía (OIE), la demanda mundial de energía primaria, en 2030, puede sobrepasar cerca de dos tercios el nivel del año 2000, alcanzando al final de ese período pronosticado un equivalente de 15.300 millones de toneladas de petróleo anual, representando los países en desarrollo un 62 por ciento del aumento. De igual manera, la Administración de Información sobre Recursos Energéticos de Estados Unidos (EIA) prevé que para el año 2025, el consumo de energía en el mundo en desarrollo habrá aumentado a casi el doble.

Debido a que se prevé que las economías en surgimiento dependerán mayormente del carbón y de otros combustibles fósiles, éstas contribuirán mucho más a las emisiones mundiales de bióxido de carbono a medida que aumente rápidamente su demanda de energía. Se prevé que los países en desarrollo representarán dos tercios del aumento pronosticado en las emisiones de bióxido de carbono, las que, según muchos científicos, contribuyen al calentamiento mundial. Cuatro países principales solamente (Indonesia, China, India y Brasil) emitirán 2.000 millones de toneladas de carbono anuales para el año 2010, lo que creará dificultades especiales para la cooperación internacional en las cuestiones relacionadas con el clima. Estados Unidos y las otras naciones industrializadas deben involucrar a estos países en iniciativas multilaterales sobre el clima, como la investigación y el desarrollo de tecnologías de energía más limpia.

El crecimiento en América Latina, donde se anticipa que para el 2015, la demanda de energía primaria aumente en casi el doble de los niveles de 1999, contribuirá también considerablemente a la geopolítica energética del futuro. En lugar de ser una importante región abastecedora para Estados Unidos, América Latina podría llegar a ser una importante región consumidora, que deberá ser incluida en los sistemas internacionales de reservas para emergencias y en las iniciativas sobre energía alternativa.

Se anticipa que el enorme crecimiento en Asia contribuirá considerablemente al mayor consumo de energía en el mundo en desarrollo e impactará grandemente el consumo de petróleo en el mundo, teniendo, por lo tanto, el mayor impacto en las cambiantes tendencias geopolíticas del petróleo. En los países asiáticos en desarrollo, donde se prevé que el consumo de energía alcanzará una tasa de crecimiento medio anual del tres por ciento, comparada con el crecimiento de 1,7 por ciento para toda la economía mundial, se anticipa que la demanda de energía aumentará en más del doble en las dos décadas próximas. Según los pronósticos de la OIE, la demanda en la región representará un 69 por ciento del aumento total previsto en el consumo del mundo en desarrollo y cerca de un 40 por ciento del aumento en el consumo mundial total de energía.

El rápido crecimiento económico de Asia, la enorme urbanización, la drástica expansión en el sector del transporte, y los programas de electrificación, políticamente importantes, tendrán un efecto drástico en la dependencia de energía importada en la región. Si no aumentan en forma significativa los abastecimientos de recursos energéticos renovables y/o las nuevas tecnologías energéticas, el consumo de crudo y gas natural en Asia aumentará sustancialmente y con ello aumentarán considerablemente los retos ambientales. En vista de los recursos insuficientes de la región y su ya alta dependencia de petróleo importado, se anticipa que Asia ejercerá una creciente presión sobre el Oriente Medio y Rusia en los años venideros.

Según el Informe sobre el Mercado Petrolero de 2001, publicado por el Grupo de Inteligencia Energética, un servicio de investigación independiente, el consumo de petróleo en Asia, que excede los 20 millones de barriles diarios, ya es mayor que el de Estados Unidos. Para el año 2010, el consumo total de petróleo en Asia podría ser de 25 a 30 millones de barriles diarios, la mayoría de los cuales deberá importarse fuera de la región. Puede esperarse que las importaciones de petróleo de China aumenten de unos 1,4 millones de barriles diarios en 1999, a unos 3 a 5 millones de barriles diarios en 2010. Esto ha despertado temores en Tokio, Seúl y Nueva Delhi, acerca de competencia o de una confrontación en cuanto a los abastecimientos y las líneas de transporte de los recursos energéticos.



REPERCUSIONES GEOPOLÍTICAS

Puede anticiparse que la atención diplomática, estratégica y comercial de ciertos países asiáticos cambiará en vista de la creciente necesidad de importar recursos energéticos y que ello conducirá a un fortalecimiento de los vínculos económicos y políticos entre los estados asiáticos individuales, los principales países exportadores de petróleo del Oriente Medio y los estados petroleros africanos. Estos vínculos pueden significar nuevos retos para el Occidente en lo que respecta a arbitrar posibles conflictos regionales y una rivalidad en cuanto a abastecimientos energéticos seguros, especialmente en casos de interrupción de los abastecimientos, guerra, u otro tipo de emergencias. Por ejemplo, la diplomacia petrolera proactiva de China y su campaña de inversión en petróleo y gas extranjeros, han suscitado preocupación en algunas partes en el sentido de que esta potencia internacional en surgimiento, debido a su creciente necesidad de petróleo, podría ser susceptible a presiones por parte de los estados productores de petróleo que procuran obtener sistemas de armamentos avanzados o armas de destrucción en masa.

Las preocupaciones medioambientales podrían empeorar los temores sobre la seguridad energética y crear otros tipos de tensiones en el sistema político internacional. De esta manera, son convincentes los beneficios de una cooperación multilateral entre Occidente y el mundo en desarrollo en la búsqueda de soluciones conjuntas a los desafíos del abastecimiento de energía ambientales. Debería considerarse esto de gran prioridad en las gestiones diplomáticas internacionales.

Los costos potencialmente altos de una confrontación por causa de los abastecimientos energéticos y de la degradación del medio ambiente motivan a algunas naciones asiáticas a desarrollar tecnologías energéticamente más eficientes y formas de energía alternativas. Sin embargo, es más probable que en el plazo cercano se trate de diversificar tanto las formas de usar la energía como las fuentes de donde proceden los abastecimientos.

Existe un potencial enorme de mayor participación de Estados Unidos en aumentar la cooperación en desarrollar nuevas tecnologías energéticamente eficientes y combustibles alternativos más limpios, tanto para asegurar la paz y la estabilidad en el mundo como para promover sus propios esfuerzos de asegurar un futuro energético más prometedor.

No obstante, toda la atención que se presta al crecimiento económico en Asia, el aumento constante de las importaciones estadounidenses de petróleo es un factor asombroso en los mercados petroleros mundiales. Las importaciones netas estadounidenses aumentaron de 6,79 millones de barriles diarios en 1991 a 10,2 millones de barriles diarios en 2000. El comercio mundial del petróleo; es decir, la cantidad de petróleo que se exporta de un país a otro, aumentó durante el mismo período de 33,3 millones de barriles diarios a 42,6 millones de barriles diarios. Esto significa que las importaciones estadounidenses de petróleo representaron más de una tercera parte del aumento registrado en el petróleo que se ha comerciado en el mundo en los últimos diez años. En lo que respecta al comercio petrolero con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el mercado de importación estadounidense fue aún más significativo — más del 50 por ciento del aumento en la producción de OPEP, entre los años 1991 y 2000, fue a parar a Estados Unidos. La actual demanda de petróleo de Estados Unidos es de unos 20 millones de barriles diarios, de los que solamente un 40 por ciento se produce internamente.



SATISFACER LAS NECESIDADES DE LOS POBRES

La cooperación en encontrar nuevas fuentes de energía y tecnologías más limpias y eficientes, además de ser un medio valioso para reducir el riesgo de tensiones y conflictos internacionales, es de importancia crítica para asegurar un futuro mejor para el mundo en desarrollo y reducir la pobreza y la enfermedad en muchas partes del planeta. Al presente, más de una cuarta parte de la población del mundo carece de acceso a electricidad y dos quintos están obligados a depender principalmente de la biomasa tradicional — leña y desechos animales —para satisfacer las necesidades básicas de cocinar y calefacción. Aproximadamente el 80 por ciento de estas poblaciones se encuentra en India y África al sur del Sahara. Cuatro de cada cinco personas que carecen de servicios energéticos modernos viven en zonas rurales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), por causa de la contaminación del aire en los hogares, producida por la tradicional energía de biomasa, más de dos millones de mujeres y niños mueren en el mundo cada año debido a infecciones respiratorias.